La falta de lluvias agrava la situación de las granjas lucenses y reduce las reservas de agua en pleno otoño
La prolongada sequía complica la disponibilidad de pastos y forraje, afecta a algunos abastecimientos rurales y lleva a la Xunta a mantener el alto riesgo de incendios forestales hasta el 31 de octubre.
El otoño avanza en la provincia de Lugo sin que las lluvias hayan conseguido aliviar de forma suficiente los efectos de un periodo seco que empieza a notarse en las explotaciones ganaderas, los montes y algunos núcleos rurales. La falta de precipitaciones está reduciendo la disponibilidad de pastos, obliga a algunas granjas a recurrir a reservas de forraje y mantiene la preocupación por el abastecimiento de agua en zonas dispersas.
La situación resulta especialmente delicada para las explotaciones que dependen del aprovechamiento de praderas para alimentar al ganado. En condiciones normales, el pasto permite reducir parte de los costes de alimentación y facilita la organización del trabajo. Cuando la hierba no crece con normalidad, las granjas tienen que recurrir durante más tiempo a reservas almacenadas o comprar alimento, con el consiguiente impacto en sus gastos.
El problema no afecta únicamente a las explotaciones de mayor tamaño. En los núcleos rurales con viviendas dispersas, la falta de agua puede complicar el uso de pozos y otras captaciones particulares. Cuando el suministro disminuye, las familias necesitan buscar alternativas y las administraciones locales pueden verse obligadas a organizar respuestas de emergencia.
La sequía también repercute en los montes. La vegetación acumula estrés hídrico y la ausencia de lluvias suficientes mantiene condiciones poco habituales para esta época del año. Por ese motivo, la Xunta ha ampliado el periodo de alto riesgo de incendios forestales hasta el 31 de octubre. La medida busca mantener las precauciones en un momento en el que la humedad del terreno y de la vegetación no se ha recuperado como sería habitual en otoño.
La falta de precipitaciones puede tener, además, consecuencias para actividades estacionales como la recogida de setas. El desarrollo de estos recursos depende de la combinación de humedad, temperatura y condiciones del suelo, por lo que un otoño seco puede alterar tanto la disponibilidad como los tiempos habituales de aparición.
Los efectos acumulados muestran que la sequía no es únicamente un problema del verano. Cuando se prolonga durante semanas, puede trasladarse a la economía de las granjas, al abastecimiento doméstico y a la gestión forestal. La evolución de las próximas lluvias será determinante para saber si la provincia logra recuperar parte de sus reservas antes de la llegada del invierno.
Mientras tanto, el sector agroganadero afronta la necesidad de ajustar recursos y planificar la alimentación de los animales, en un contexto en el que el agua se convierte en un factor decisivo para la actividad diaria y la estabilidad de muchas explotaciones.

