El líder también es humano: el CD Lugo se estrella en Irún y pierde su condición de invicto
El Real Unión castiga los errores defensivos del conjunto albivermello y convierte un partido abierto, en el que Alan Godoy llegó a firmar el empate, en una derrota por 4-1. El Lugo seguirá al frente de la clasificación, pero se marcha del Stadium Gal con una lección que deberá aprender rápido.
Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que obligan a mirar más allá del marcador. La del CD Lugo en Irún reúne las dos cosas. El conjunto de Borja Fernández llegó al Stadium Gal con la confianza de quien había convertido el comienzo de temporada en una sucesión de victorias y buenas noticias. Se marchó con cuatro goles en contra, su primera derrota del curso y la sensación de que, cuando no consigue imponer su fútbol, también puede quedar a merced de un rival que sepa dónde hacerle daño.
El 4-1 final fue contundente. Quizá demasiado si se tiene en cuenta que el Lugo consiguió igualar el encuentro en la segunda mitad y mantuvo sus opciones durante buena parte del choque. Pero el fútbol no se decide únicamente por las sensaciones ni por los minutos de dominio. Se decide en las áreas, en la precisión de los remates, en la atención a los detalles y en la capacidad de aprovechar los momentos en los que el partido cambia de dirección. En esos aspectos, el Real Unión estuvo por encima.
La derrota puso fin a una racha de seis victorias consecutivas y a un inicio de campeonato que había disparado la ilusión de la afición albivermella. El Lugo había sumado 22 de los primeros 24 puntos disputados, una trayectoria que lo había situado en lo más alto de la clasificación. La caída en tierras guipuzcoanas no borra ese recorrido: el equipo conserva el liderato, aunque pierde la condición de invicto y deja claro que la competición no concede treguas por los méritos acumulados.
Un comienzo incómodo y un gol que cambió el guion
El Real Unión salió al campo con una idea clara: incomodar al Lugo desde el primer minuto. Presionó arriba, disputó cada balón y buscó que los visitantes no pudieran construir sus ataques con la tranquilidad que habían mostrado en jornadas anteriores. El conjunto lucense se encontró pronto con dificultades para conectar por dentro y tuvo que recurrir con demasiada frecuencia al juego directo.
El inicio ya dejó una primera acción polémica. El Lugo llegó a celebrar un gol de Kike Hermoso tras un saque de esquina, pero el árbitro lo anuló al señalar una falta previa del central. La jugada no alteró el marcador, aunque sí anticipó una tarde en la que las acciones a balón parado tendrían un protagonismo decisivo.
En el minuto 12 llegó el primer golpe. El Real Unión aprovechó un córner, prolongó el balón hacia el segundo palo y Azkune apareció para marcar. El gol premió la intensidad local y obligó al Lugo a cambiar el plan antes de lo previsto.
A partir de ese momento, el equipo de Borja Fernández tuvo problemas para encontrar su mejor versión. El Real Unión cerró espacios, dificultó la circulación y se mostró peligroso cada vez que recuperaba el balón. El líder no estaba acostumbrado a jugar tantos minutos sin controlar el ritmo del encuentro y, por momentos, pareció precipitarse en busca de una respuesta inmediata.
El Lugo también tuvo sus oportunidades. Ulloa probó desde la frontal y, poco antes del descanso, puso un buen centro al área que Mo Dauda no consiguió dirigir entre los tres palos. No fue una primera parte sin ocasiones, pero sí una en la que el conjunto visitante estuvo lejos de la fluidez ofensiva que lo había convertido en uno de los equipos más fiables del arranque liguero.
Alan Godoy devuelve la esperanza
Borja Fernández movió el banquillo en el descanso y dio entrada a Alan Godoy por Guille Berzal. El cambio buscaba aportar más profundidad y presencia en el área. La respuesta fue visible: el Lugo ganó metros, comenzó a llegar con mayor continuidad y encontró situaciones para poner a prueba al guardameta Emery.
Kike Hermoso estuvo cerca de marcar con un remate que exigió una gran intervención del portero local. Chiqui también generó peligro por la izquierda y el equipo empezó a transmitir la sensación de que el empate era posible. La reacción, sin embargo, tuvo un precio: el partido se abrió y el Real Unión encontró espacios para correr y amenazar a Embadje.
El guardameta albivermello tuvo que intervenir en varias ocasiones para evitar que la desventaja aumentase. Durante unos minutos, el encuentro se convirtió en un intercambio de golpes, con el Lugo buscando la igualada y el conjunto vasco dispuesto a aprovechar cada pérdida.
La insistencia visitante encontró premio en el minuto 62. Pere Haro puso un pase preciso desde la banda izquierda y Alan Godoy resolvió con calidad, picando el balón por encima del portero. El 1-1 devolvía al Lugo al partido y parecía abrir un nuevo escenario: quedaba tiempo, el equipo había mejorado tras el descanso y la posibilidad de remontar ya no parecía una quimera.
Fue el mejor momento de los lucenses. También el instante en el que necesitaban mayor serenidad para evitar que la reacción quedase en una simple ráfaga. El empate había equilibrado el marcador, pero no había resuelto los problemas que el Real Unión estaba generando, especialmente en las jugadas de estrategia.
El balón parado vuelve a castigar al líder
El partido cambió de nuevo a partir de un córner. El Real Unión encontró otra vez la manera de hacer daño por arriba y Jordi Pola devolvió la ventaja al conjunto local en el minuto 70. El gol fue un golpe duro para un Lugo que acababa de recuperar la igualdad y que, en lugar de consolidar su mejor momento, volvió a verse obligado a perseguir el marcador.
El balón parado se convirtió así en una de las claves de la derrota. En una competición tan igualada, las acciones de estrategia pueden decidir encuentros que parecen equilibrados. El Lugo lo comprobó de la peor manera: concedió demasiado en una faceta que exige coordinación, concentración y contundencia en cada disputa.
Con el 2-1, los albivermellos intentaron reaccionar, pero ya no encontraron la misma claridad. El Real Unión defendió su ventaja con intensidad y supo esperar el momento adecuado para volver a golpear. En el minuto 81, Unai García amplió la diferencia tras una acción en la que el Lugo no consiguió resolver con seguridad la salida de balón.
La jugada dejó además una situación complicada para los visitantes. Embadje y Kevin Presa chocaron de forma fortuita y el centrocampista terminó con molestias. Como el Lugo ya había agotado las sustituciones, el equipo se quedó en inferioridad numérica durante el tramo final. El escenario se volvió todavía más adverso para un conjunto que necesitaba arriesgar para intentar reducir distancias.
En el tiempo añadido, Sangalli marcó el cuarto tanto y cerró una noche que había comenzado con dificultades, había recuperado emoción con el empate de Godoy y terminó convertida en una goleada dolorosa.
Una derrota que no borra el camino recorrido
El resultado obliga a extraer conclusiones, pero no debería llevar a conclusiones precipitadas. El Lugo sigue siendo líder y mantiene el valor de un inicio de temporada sobresaliente. Lo ocurrido en Irún no convierte de repente al equipo en un proyecto frágil, del mismo modo que las victorias anteriores no lo hacían invulnerable.
La derrota sí ofrece señales concretas que conviene atender. El equipo sufrió cuando el rival le negó los espacios interiores, tuvo dificultades para imponer su ritmo y concedió demasiado en acciones a balón parado. Además, cuando el marcador volvió a ponerse en contra, no consiguió recuperar la calma necesaria para evitar que el encuentro se escapase definitivamente.
También hay aspectos positivos. El equipo reaccionó tras el descanso, generó ocasiones y encontró en Alan Godoy una solución ofensiva que le permitió volver a competir. Esa capacidad de respuesta es importante, aunque debe ir acompañada de mayor solidez para que un buen tramo de partido no quede sepultado por los errores posteriores.
La temporada es larga y el liderato se construye precisamente en la capacidad de responder a noches como esta. Los equipos que aspiran a mantenerse arriba no son los que nunca pierden, sino los que saben identificar por qué han perdido y regresan al siguiente partido con una respuesta.
El siguiente compromiso, ante la AD Mérida en el Anxo Carro, ofrece al Lugo una oportunidad inmediata para pasar página. Volver a casa puede ayudar a recuperar sensaciones, pero no bastará con confiar en el impulso de la grada. Será necesario recuperar el orden, defender mejor las jugadas de estrategia y demostrar que la derrota de Irún ha servido para corregir errores.
El líder ha recibido su primer golpe. La clasificación todavía lo respalda; ahora le toca demostrar que también sabe levantarse.

