El Breogán roza la remontada, pero Unicaja impone su ley en el Pazo con un 90-103
El conjunto malagueño aprovechó su acierto exterior para abrir una brecha de doce puntos al descanso. Francis Alonso lideró la reacción celeste y el equipo llegó a colocarse a cuatro puntos en el último cuarto, pero Kendrick Perry y David Kravish frenaron el intento de remontada y dejaron al Breogán sin su fortaleza como local.
El Pazo dos Deportes sabe reconocer cuándo un partido se escapa y cuándo todavía queda una puerta abierta. Ante el Unicaja Málaga, el Río Breogán vivió las dos sensaciones en una misma tarde: primero sufrió para contener a un rival inspirado, después encontró argumentos para soñar con una remontada que parecía improbable y, finalmente, se quedó sin premio cuando más cerca estaba de cambiar el desenlace.
El marcador final, 90-103, refleja la superioridad malagueña durante buena parte del encuentro, pero no cuenta por sí solo toda la historia. El Breogán no entregó el partido cuando la diferencia creció. Con el apoyo de su afición, apretó en el último cuarto, redujo la desventaja hasta los cuatro puntos y obligó a Unicaja a resolver el encuentro en los minutos decisivos.
La derrota tiene un significado especial para el conjunto lucense: supone su primer tropiezo de la temporada ante su público y pone fin a una racha ofensiva extraordinaria, después de cuatro jornadas consecutivas en las que había superado los cien puntos. El equipo de Luis Casimiro comprobó que, frente a un rival de la calidad del malagueño, no basta con tener capacidad anotadora. También hace falta defender, controlar el ritmo y evitar que el adversario convierta cada error en una oportunidad.
Unicaja llega dispuesto a imponer su ritmo
El partido comenzó con un intercambio de canastas que anticipaba una tarde de mucha anotación. El Breogán trató de jugar con energía y buscar sus opciones cerca del aro, pero Unicaja mostró desde el principio una circulación de balón rápida y una capacidad notable para encontrar lanzamientos favorables.
El primer cuarto terminó con un ajustado 24-26. La diferencia era mínima y el encuentro parecía abierto, aunque el conjunto visitante ya estaba mostrando algunas de las armas que terminarían inclinando la balanza: rapidez en la circulación, amenaza desde el perímetro y capacidad para repartir la responsabilidad anotadora entre varios jugadores.
El punto de inflexión llegó en el segundo periodo. Unicaja elevó el nivel de acierto, encontró espacios para lanzar desde fuera y encadenó una serie de ataques que desbordaron a la defensa celeste. Kendrick Perry asumió el mando, Tyler Kalinoski aportó puntos importantes y el equipo malagueño encontró continuidad en su juego.
Los visitantes llegaron a sumar siete triples en diez intentos durante ese segundo cuarto, una eficacia que explica buena parte de la brecha abierta antes del descanso. El parcial de 23-33 dejó el marcador en 47-59. Doce puntos de diferencia frente a un rival que estaba castigando cada desajuste defensivo y obligaba al Breogán a remar cuesta arriba.
Luis Casimiro trató de frenar la dinámica con ajustes y tiempos muertos, pero el problema no se limitaba a una acción concreta. Unicaja había conseguido imponer su ritmo y obligaba al Breogán a defender durante posesiones exigentes, mientras que en ataque los lucenses necesitaban trabajar más para encontrar tiros cómodos.
Francis Alonso enciende la reacción celeste
Tras el descanso, el Breogán necesitaba algo más que una sucesión de canastas. Tenía que recuperar confianza, mejorar sus decisiones y reducir la diferencia sin permitir que Unicaja volviese a escaparse. En ese escenario apareció Francis Alonso, que asumió una parte importante de la responsabilidad ofensiva y se convirtió en una de las principales referencias del equipo.
El escolta aportó 22 puntos y mantuvo viva la esperanza local en los momentos en los que el partido amenazaba con quedar decidido. Su capacidad para generar puntos permitió al Breogán acercarse y recuperar parte de la energía que había perdido durante el segundo cuarto.
Dominik Mavra también ayudó a dar continuidad al ataque, mientras que el conjunto lucense trataba de encontrar mejores situaciones para sus interiores. El equipo mejoró en varios tramos, aunque Unicaja siguió respondiendo cada vez que la distancia se reducía. Esa fue una de las diferencias fundamentales de la tarde: los locales necesitaban encadenar varias buenas posesiones para recortar, mientras que los visitantes encontraban con mayor facilidad una canasta que frenase el impulso rival.
El tercer cuarto terminó con 71-82. El Breogán había anotado lo suficiente para seguir en la pelea, pero la defensa todavía no había encontrado una fórmula estable para detener a los malagueños. Once puntos de desventaja dejaban margen para una reacción, aunque el tiempo empezaba a jugar en contra.
Del 88-92 al golpe definitivo
El último cuarto fue el momento de mayor emoción. El Breogán se negó a aceptar que el encuentro estuviese decidido y encontró en el orgullo colectivo y el empuje del Pazo el combustible para intentar una remontada de las que cambian el ánimo de una temporada.
Los lucenses elevaron la intensidad y aprovecharon algunos errores del rival para acercarse en el marcador. Aleksandar Aranitovic anotó un triple importante y el equipo siguió presionando hasta situarse en el 88-92. Con solo cuatro puntos de diferencia y algo menos de tres minutos por jugar, el encuentro volvió a estar abierto.
En ese instante, el Pazo creyó en la posibilidad de darle la vuelta al partido. La grada empujó y cada defensa parecía tener un valor especial. El Breogán había conseguido transformar una desventaja amplia en un final en el que bastaban dos buenas acciones para poner nervioso a Unicaja.
Pero los partidos de máxima exigencia se deciden también por la serenidad. Cuando la remontada parecía posible, Kendrick Perry y David Kravish respondieron con la precisión que el momento exigía. La conexión entre ambos permitió a los visitantes recuperar una ventaja más cómoda y cortar el impulso lucense.
Después llegó otra acción decisiva: una pérdida de Francis Alonso fue castigada por Cameron Hunt, que anotó tras recuperar el balón. La diferencia volvió a crecer y el tiempo comenzó a agotarse para los locales. Perry terminó de asegurar la victoria con un triple que puso el broche a una actuación sobresaliente.
El Breogán había estado a cuatro puntos de cambiar la historia del encuentro. Unicaja, sin embargo, no se descompuso cuando sintió la presión y supo cerrar el partido con la experiencia y la calidad de sus jugadores más determinantes.
Perry y Noua marcan la diferencia
Kendrick Perry fue el máximo anotador del encuentro con 24 puntos y seis asistencias, además de intervenir en varias de las acciones que permitieron a Unicaja controlar el desenlace. Amine Noua añadió 18 puntos y seis rebotes, firmando una actuación muy completa que le permitió terminar como uno de los jugadores más valorados del choque.
El conjunto malagueño encontró también aportaciones importantes de Cameron Hunt, David Kravish y Tyler Kalinoski. Esa variedad de recursos fue fundamental para sostener la ventaja: cuando un jugador dejaba de anotar, aparecía otro para mantener el ritmo ofensivo.
En el Breogán, Francis Alonso lideró la anotación con 22 puntos. Dominik Mavra y otros integrantes del equipo ayudaron a sostener la reacción, mientras que el juego interior aportó presencia cerca del aro. Sin embargo, el conjunto lucense no consiguió mantener durante los cuarenta minutos el equilibrio necesario entre ataque y defensa.
La derrota no puede explicarse únicamente por el acierto rival desde la línea de tres. Unicaja aprovechó ese momento para abrir distancia, pero también supo administrar la ventaja, mover el balón y encontrar respuestas cada vez que el Breogán se acercaba. Esa combinación de puntería, profundidad y control del partido fue lo que terminó inclinando la balanza.
Una advertencia útil para el resto de la temporada
El Breogán venía de un inicio de campaña que había alimentado la ilusión de su afición. Su capacidad para anotar, acelerar el ritmo y convertir los partidos en encuentros de muchos puntos lo había situado entre los equipos más atractivos de este primer tramo de competición. La derrota ante Unicaja no invalida ese planteamiento, pero recuerda que el margen de error disminuye cuando enfrente hay un rival capaz de castigar cualquier desajuste.
El principal aprendizaje está en la defensa. Recibir 103 puntos en casa dificulta competir contra prácticamente cualquier equipo, y más aún frente a uno que atraviesa un buen momento ofensivo. El Breogán necesita encontrar mecanismos para reducir la eficacia exterior de sus rivales, proteger mejor las posesiones y evitar que una mala fase se convierta en una brecha difícil de cerrar.
También hay motivos para no caer en el pesimismo. El equipo fue capaz de reaccionar, encontró puntos en momentos complicados y llegó a poner contra las cuerdas a un rival de gran nivel. La remontada no se completó, pero el carácter mostrado en el último cuarto demuestra que el Breogán no renuncia a competir aunque el marcador se complique.
La clave será convertir esa energía en una respuesta más completa. No basta con atacar con intensidad cuando el partido está en peligro; hace falta sostener el esfuerzo defensivo desde el primer cuarto y evitar que el adversario construya una ventaja que obligue a perseguirlo durante el resto de la tarde.
El Pazo seguirá siendo uno de los grandes activos del Breogán, pero la fortaleza de un equipo local no depende únicamente de su afición. Se construye con regularidad, concentración y capacidad para imponer condiciones durante los cuarenta minutos.
Contra Unicaja, los lucenses estuvieron cerca de convertir una tarde amarga en una remontada memorable. Les faltó el último paso. Ahora toca aprender de los errores, recuperar la solidez y demostrar en las próximas jornadas que el tropiezo fue un aviso puntual y no una pérdida de identidad.

