El Río Breogán hace historia en la ACB pese a caer en Andorra: cuatro partidos por encima de los cien puntos
La derrota por 108-102 ante el MoraBanc Andorra puso fin al inicio invicto de los celestes, pero no pudo borrar un récord sin precedentes en la Liga Endesa. El equipo lucense se convirtió en el primero de la competición en superar los cien puntos en sus cuatro primeras jornadas.
Hay derrotas que dejan una sensación amarga y, al mismo tiempo, obligan a levantar la vista para entender la dimensión de lo conseguido. El Río Breogán regresó de Andorra sin la victoria, después de perder por 108-102 ante el MoraBanc, pero lo hizo con un registro histórico bajo el brazo: ningún equipo había comenzado una temporada de la Liga Endesa anotando al menos cien puntos en sus cuatro primeros partidos.
El conjunto lucense convirtió una racha ofensiva extraordinaria en un récord que llevaba décadas esperando a ser superado. La derrota del sábado 17 de octubre frenó su trayectoria de tres victorias consecutivas, pero no impidió que los celestes escribieran una página inédita en la historia de la competición.
La hazaña tiene una particularidad que la hace todavía más llamativa. El Breogán no necesitó ganar en Andorra para completar el registro. Su ataque volvió a superar la barrera de los cien puntos, aunque esta vez el esfuerzo no fue suficiente para contener la reacción local. El MoraBanc encontró respuestas desde el perímetro, elevó su intensidad después del descanso y terminó imponiendo su ritmo en un encuentro de alta anotación.
El resultado final dejó dos lecturas distintas. En lo inmediato, el Breogán perdió una oportunidad de prolongar su inicio perfecto. En perspectiva, el equipo de Luis Casimiro confirmó que su capacidad ofensiva no era una casualidad de una sola jornada, sino una constante durante el arranque de la temporada.
Cuatro jornadas, cuatro centenares
El récord se construyó partido a partido. Primero llegaron los 110 puntos frente al Asisa Joventut, en un encuentro que el Breogán ganó por 110-104 en el Pazo dos Deportes. Aquella victoria ya había llamado la atención por la variedad de recursos ofensivos y por la capacidad del equipo para encontrar anotación en varios jugadores.
En la segunda jornada, los celestes viajaron a Manresa y volvieron a superar la barrera de los cien puntos. El triunfo por 101-95 confirmó que el equipo podía mantener su producción ofensiva también lejos de Lugo y ante un rival capaz de exigirle durante los cuarenta minutos.
La tercera centena llegó en casa, frente al Girona. El Breogán firmó una de sus actuaciones más brillantes al imponerse por 115-92, un marcador que reflejó la eficacia de su ataque y la capacidad de sus jugadores para aprovechar las ventajas. Francis Alonso destacó con 27 puntos y una valoración de 30, actuación que le permitió ser elegido jugador más valioso de la jornada.
Después de tres encuentros, los lucenses ya habían igualado una marca histórica de la competición. El precedente correspondía al Real Madrid de la temporada 1985-86, que también había iniciado una campaña de la ACB superando los cien puntos en sus tres primeros partidos.
El desafío en Andorra consistía en mantener la tendencia y, si era posible, acompañarla de una cuarta victoria consecutiva. El Breogán cumplió la primera parte: anotó 102 puntos. La segunda se le escapó en una segunda mitad en la que el rival fue creciendo y encontró más acierto en los lanzamientos exteriores.
Así, el equipo lucense se convirtió en el primer conjunto en la historia de la Liga Endesa que alcanza al menos cien puntos en las cuatro primeras jornadas. Una marca que combina continuidad ofensiva, profundidad de plantilla y capacidad para mantener un alto ritmo de anotación frente a rivales y escenarios diferentes.
El recuerdo del Real Madrid de 1985
Para entender la importancia del registro, hay que retroceder hasta el inicio de la ACB, competición que comenzó en la temporada 1983-84. El Real Madrid de 1985-86 había establecido la referencia que el Breogán consiguió superar más de cuatro décadas después.
Aquel equipo blanco reunió a figuras históricas del baloncesto español, como Juan Antonio Corbalán, Juanma Iturriaga, Chechu Biriukov, Fernando Martín y Fernando Romay. Su arranque de temporada estuvo marcado por una enorme capacidad anotadora, con victorias de alto marcador y una plantilla acostumbrada a competir por los grandes títulos.
El Real Madrid encadenó cinco triunfos al comienzo de aquella campaña, aunque no consiguió superar los cien puntos en todos ellos. Esa diferencia dejó abierta la posibilidad de que otro equipo alcanzara un día una marca que parecía reservada a conjuntos de enorme potencia ofensiva.
El Breogán no ha necesitado reproducir exactamente la trayectoria del equipo madrileño para arrebatarle el récord. Su registro es distinto: cuatro jornadas consecutivas por encima de los cien puntos, con rivales diferentes y tanto en casa como fuera.
La comparación no significa que ambos equipos sean equivalentes ni que una estadística de cuatro partidos determine el balance de toda una temporada. Sí permite situar la actuación del conjunto lucense en una perspectiva histórica. Una marca que durante décadas permaneció en manos de uno de los clubes más poderosos del baloncesto español ha pasado a un equipo que ha construido su identidad desde Lugo y que afronta cada temporada con recursos diferentes a los de las grandes potencias de la competición.
Precisamente por eso, el récord tiene un valor especial para la afición breoganista. No se trata solo de anotar mucho, sino de demostrar que un equipo puede competir, sorprender y dejar huella en una liga de máxima exigencia.
Andorra cambia el guion después del descanso
El encuentro comenzó con un Breogán muy inspirado. Los lucenses encontraron ventajas en la pintura con el pívot Brankovic y acompañaron su juego interior con acierto desde el perímetro. Un triple de Mihajlo Andric y varias acciones de ataque permitieron abrir diferencias durante el primer cuarto.
El MoraBanc Andorra tuvo que reaccionar pronto. El técnico local, Zan Tabak, movió el banquillo para intentar frenar el ritmo celeste, pero el Breogán mantuvo su fluidez y terminó el primer periodo con un contundente 17-31.
La ventaja llegó a ser de diecisiete puntos durante el segundo cuarto. En ese tramo, el equipo lucense parecía tener el encuentro bajo control y encontró respuestas cuando los andorranos intentaban acercarse. El rebote y la capacidad para correr tras recuperación estaban favoreciendo a los visitantes.
Sin embargo, el partido empezó a cambiar antes del descanso. El MoraBanc aumentó su acierto exterior y redujo la distancia. El Breogán, que había encontrado con facilidad el camino hacia el aro durante los primeros minutos, comenzó a perder precisión en algunos lanzamientos.
Al intermedio se llegó con un 43-53 favorable a los gallegos. La ventaja seguía siendo importante, pero el encuentro ya había dejado de ser una demostración de control visitante. Andorra había encontrado la manera de mantenerse en la pelea y regresó de los vestuarios con una energía diferente.
La remontada local y el precio de perder el control
La segunda mitad arrancó con un parcial favorable a los locales. El MoraBanc apretó en defensa, atacó con más decisión y empezó a castigar los problemas del Breogán para contener el juego interior y el lanzamiento exterior.
La ventaja celeste se redujo rápidamente. Los andorranos se acercaron hasta situarse a un solo punto y poco después lograron ponerse por delante por primera vez. El partido había cambiado de dueño emocional: el equipo que había comenzado dominando ahora tenía que perseguir el marcador.
El Breogán intentó reaccionar. Aranitovic aportó puntos consecutivos para devolver la ventaja a los lucenses, que todavía encontraron momentos para recuperar su ritmo ofensivo. El encuentro se convirtió en un intercambio de canastas en el que cada equipo trataba de aprovechar sus mejores armas.
Al final del tercer cuarto, los visitantes conservaban una mínima ventaja de 76-78. La diferencia era pequeña y el último periodo se presentaba como una prueba de resistencia, concentración y capacidad para tomar buenas decisiones en los minutos decisivos.
El MoraBanc volvió a salir con mayor intensidad. Su acierto desde el perímetro fue aumentando, mientras que el Breogán empezó a sufrir para frenar las acciones ofensivas locales. Los triples de los andorranos abrieron una distancia que obligó a Luis Casimiro a pedir tiempos muertos y buscar soluciones desde el banquillo.
Los lucenses no dejaron de intentarlo. Siguieron atacando y encontraron puntos para mantenerse cerca, pero cada aproximación recibía una respuesta local. El MoraBanc terminó el encuentro con catorce triples convertidos de veintiocho intentos, un 50 % de acierto que resultó decisivo frente al 35 % del Breogán.
En un partido con tantos puntos, la defensa y los pequeños detalles adquieren una importancia especial. El Breogán había sido capaz de anotar 102, pero no consiguió reducir el ritmo del rival cuando el encuentro se inclinó hacia un intercambio de lanzamientos exteriores.
El marcador final, 108-102, puso fin a la racha de victorias de los celestes y confirmó que el equipo todavía tiene aspectos que ajustar para cerrar partidos de máxima exigencia.
Francis Alonso vuelve a liderar la ofensiva
Francis Alonso fue uno de los principales referentes ofensivos del Breogán también en Andorra. El escolta anotó 24 puntos y volvió a asumir responsabilidad en un encuentro en el que el equipo necesitaba mantener su producción ofensiva hasta el final.
Su actuación dio continuidad a un inicio de temporada en el que el ataque celeste ha encontrado diferentes protagonistas. Frente al Girona, Alonso había firmado 27 puntos y una valoración de 30; en Andorra volvió a liderar la anotación, aunque esta vez sus puntos no bastaron para conseguir el triunfo.
Rasir Bolton, con 19 puntos, y Mihajlo Andric, con 18, también tuvieron un papel importante en la producción ofensiva. La capacidad para repartir la anotación entre varios jugadores ha sido una de las claves del arranque del Breogán y ayuda a explicar cómo ha logrado superar los cien puntos de forma consecutiva.
El dato colectivo es especialmente relevante. Un equipo puede alcanzar una cifra alta gracias a una actuación individual excepcional, pero mantener ese nivel durante cuatro jornadas exige una combinación de ritmo, circulación, acierto y profundidad. El Breogán ha conseguido que la anotación no dependa exclusivamente de un único jugador.
La otra cara de esa capacidad ofensiva es que el equipo debe encontrar el equilibrio con la defensa. Los 108 puntos encajados en Andorra muestran el margen de mejora que existe en partidos donde el rival también se siente cómodo atacando y puede castigar cada desajuste.
Un récord que no borra las lecciones de la derrota
La derrota ante el MoraBanc deja una enseñanza que puede ser útil para el resto de la temporada. El Breogán demostró que puede competir a un ritmo anotador extraordinario, pero también comprobó que una ventaja amplia no garantiza el resultado cuando el rival mejora su acierto y consigue imponer su energía.
El equipo llegó a tener diecisiete puntos de ventaja y terminó perdiendo por seis. Esa transformación no debe interpretarse como una razón para restar valor al récord, sino como una señal de los detalles que pueden decidir los encuentros en la Liga Endesa.
Controlar el rebote, proteger mejor la pintura, reducir las pérdidas y evitar que el rival encuentre lanzamientos cómodos son aspectos que pueden resultar decisivos cuando el marcador supera los cien puntos. En partidos de tanta anotación, una buena defensa durante dos o tres posesiones consecutivas puede cambiar el desenlace.
También será importante recuperar la confianza sin convertir la marca en una obligación. Anotar cien puntos en cada jornada es un registro extraordinario, pero no puede convertirse en el único indicador del rendimiento del equipo. Habrá encuentros en los que la victoria llegue con menos anotación y otros en los que el ataque funcione sin que eso garantice el triunfo.
El reto de Luis Casimiro será mantener la fluidez ofensiva y mejorar el equilibrio colectivo para que el equipo pueda cerrar los partidos con más control. El Breogán ya ha demostrado que tiene capacidad para generar puntos; el siguiente paso consiste en convertir ese talento en resultados de manera sostenida.
Lugo entra en la historia de la competición
El arranque de temporada ha permitido al Breogán vivir dos hitos distintos. Primero, el equipo firmó su mejor inicio en la élite con tres victorias consecutivas. Después, incluso al perder en Andorra, se convirtió en el primer club de la historia de la ACB que anotó al menos cien puntos en sus cuatro primeros encuentros.
La derrota no borra la dimensión del logro. Al contrario, demuestra que el récord no dependía de mantener un balance perfecto: el equipo fue capaz de alcanzar la cifra incluso en una noche en la que el rival encontró más respuestas y terminó llevándose la victoria.
Para Lugo, la marca supone un motivo de orgullo deportivo y una muestra del impacto que puede tener un proyecto competitivo bien definido. El Breogán ha logrado situar su nombre junto al de los grandes registros históricos de la liga y hacerlo con una característica propia: una producción ofensiva sostenida durante las primeras cuatro jornadas.
El camino de la temporada todavía es largo. Los rivales analizarán sus puntos fuertes, los porcentajes de tiro variarán y llegarán semanas con calendarios exigentes. El equipo tendrá que mantener la concentración y demostrar que puede ganar de distintas maneras, no solo mediante grandes anotaciones.
Pero el récord ya pertenece a la historia. Cuatro partidos, cuatro centenares y una marca que permaneció durante 41 años en manos del Real Madrid antes de pasar a Lugo. El Breogán regresó de Andorra sin los dos puntos, pero con una certeza: su comienzo de temporada ha superado cualquier precedente en la ACB.
En el baloncesto, ganar sigue siendo el objetivo principal. Sin embargo, algunas noches dejan algo más que un resultado. Esta vez, el Breogán perdió el partido, pero consiguió una hazaña que ninguna derrota puede quitarle.

