Lugo vuelve a sentir temblar la tierra: qué revela el terremoto de El Bierzo sobre la historia sísmica de Galicia
El seísmo de magnitud 4,2 registrado la noche del jueves tuvo su epicentro en la provincia de León, pero se percibió en numerosos municipios lucenses. El episodio recuerda que el entorno de Sarria, Becerreá y Triacastela concentra una parte importante de la actividad sísmica gallega.
La tierra tembló durante unos segundos, pero lo suficiente para que muchos vecinos de Lugo levantasen la cabeza, mirasen a su alrededor e intentasen comprender qué estaba ocurriendo. Algunas personas notaron cómo se movía la cama; otras percibieron vibraciones en las mesas, objetos que tintineaban o un ruido difícil de identificar. El movimiento se produjo a última hora del jueves 15 de octubre y se dejó sentir en numerosos puntos de Galicia, incluida la ciudad de Lugo y distintas localidades de la provincia.
El origen del temblor no estaba, sin embargo, bajo suelo lucense. Según los datos publicados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el terremoto tuvo una magnitud de 4,2 y se localizó en el entorno de Benuza, en la comarca leonesa de El Bierzo. El movimiento se registró a las 22.34 horas y a unos diez kilómetros de profundidad. La proximidad con Galicia explica que las ondas sísmicas alcanzasen localidades de Lugo y Ourense, además de otros puntos de la comunidad y de Asturias.
La sacudida se percibió especialmente en zonas próximas al epicentro, como el entorno de Pedrafita do Cebreiro y Quiroga, aunque también hubo testimonios desde la capital lucense, Monforte, Sarria y otros municipios. La percepción no fue idéntica en todos los lugares: mientras algunas personas notaron claramente el movimiento, otras apenas se dieron cuenta o no lo percibieron.
Tras el episodio, los servicios de emergencia recibieron llamadas de ciudadanos que querían confirmar qué había ocurrido. La información publicada durante la noche y la mañana siguiente no señalaba daños personales ni materiales en Galicia relacionados con el temblor. En el entorno del epicentro se registraron además otros movimientos de menor magnitud.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que aparece cada cierto tiempo en la provincia: ¿por qué tiembla la tierra en Lugo si Galicia no se encuentra en uno de los grandes límites tectónicos del planeta?
Galicia, una tierra aparentemente tranquila que también se mueve
Galicia suele asociarse a la lluvia, las montañas, los valles y la costa atlántica. Los terremotos no forman parte de la imagen cotidiana que muchas personas tienen de la comunidad. Sin embargo, los registros del IGN muestran que el noroeste peninsular presenta actividad sísmica, habitualmente de magnitud baja o moderada, y que en algunas zonas se han producido episodios capaces de ser percibidos por la población.
La explicación está en la historia geológica de la península ibérica. El terreno que hoy forma Galicia ha experimentado durante millones de años procesos de formación de montañas, fracturación de rocas, apertura del océano Atlántico y movimientos relacionados con la evolución de las placas tectónicas. Esos procesos han dejado una red de estructuras geológicas y fallas que, en determinadas circunstancias, pueden volver a desplazarse.
Una falla es una fractura en las rocas a lo largo de la cual se ha producido movimiento. Las rocas que forman la corteza terrestre soportan esfuerzos durante largos periodos. Cuando la tensión acumulada supera la resistencia de una zona de la falla, puede producirse un desplazamiento brusco y liberarse energía en forma de ondas sísmicas.
Esas ondas se propagan por el terreno y pueden alcanzar localidades situadas a decenas de kilómetros del punto donde se originó el movimiento. La intensidad con la que se perciben depende de varios factores: la magnitud del terremoto, su profundidad, la distancia al epicentro, las características geológicas del suelo y el tipo de edificio en el que se encuentre cada persona.
Por eso, un terremoto con epicentro en León puede sentirse en Lugo sin que exista un foco sísmico bajo la ciudad. La tierra no se mueve únicamente en el punto exacto del epicentro: la energía liberada se transmite por el subsuelo y puede notarse en un territorio amplio.
El triángulo sísmico de Lugo: Sarria, Becerreá y Triacastela
Si hay una zona que destaca en el mapa sísmico gallego, es el entorno formado por Sarria, Becerreá y Triacastela. Esta área concentra una parte importante de los terremotos registrados en la comunidad y ha protagonizado varias series sísmicas relevantes durante las últimas décadas.
El IGN identifica en el noroeste peninsular distintos sistemas de fallas, entre ellos el de Vilachá-Baralla-Becerreá, situado en la provincia de Lugo. Estas estructuras forman parte de una geología compleja, resultado de sucesivas etapas de deformación de la corteza terrestre.
Eso no significa que todos los terremotos que se sienten en Lugo tengan su origen en esas fallas. El movimiento del 15 de octubre se localizó en El Bierzo, en la provincia de León. La importancia del sistema lucense es otra: demuestra que la provincia tiene una historia sísmica propia y que su actividad no puede explicarse únicamente por episodios que llegan desde territorios vecinos.
Los registros instrumentales y los estudios geológicos permiten reconocer zonas donde se concentran los movimientos, reconstruir secuencias de terremotos y analizar las características de las estructuras que los producen. Aun así, identificar una zona sísmicamente activa no permite saber con exactitud cuándo se producirá el próximo temblor ni qué magnitud tendrá.
La ciencia puede estudiar la frecuencia de los movimientos, las fallas conocidas y la peligrosidad sísmica de una región. Lo que no puede ofrecer es una fecha precisa para el siguiente terremoto.
1997: la madrugada en la que Galicia sintió uno de sus mayores terremotos
Para comprender por qué la actividad sísmica lucense sigue despertando interés, hay que regresar a la madrugada del 22 de mayo de 1997. Aquel día, un terremoto con epicentro en el entorno de Triacastela alcanzó una magnitud de aproximadamente 5,1, según la referencia histórica del IGN, y se convirtió en uno de los episodios sísmicos más importantes registrados en Galicia.
El temblor se produjo de madrugada y despertó a numerosos vecinos. En localidades próximas, algunas personas salieron de sus casas ante el miedo a que se produjesen nuevas sacudidas. También se registraron llamadas a los servicios de emergencia y daños materiales localizados, entre ellos desperfectos en edificios y construcciones de la provincia.
El episodio no fue un movimiento aislado. Durante los días anteriores ya se habían registrado terremotos en la zona y, después de la sacudida principal, continuaron produciéndose réplicas. Entre ellas destacó un movimiento posterior en el entorno de Baralla, también de magnitud considerable.
La secuencia de 1997 dejó una huella importante en la memoria colectiva de la provincia. Para muchos vecinos, especialmente en las comarcas del interior, fue la demostración de que un terremoto perceptible no era algo imposible en Galicia. También reforzó el interés científico por la actividad de las fallas de la zona de Sarria, Becerreá y Triacastela.
Aunque el episodio de este jueves ha sido mucho más moderado, la comparación ayuda a entender la diferencia entre los movimientos que se sienten durante unos segundos y los terremotos que llegan a producir daños. La magnitud es importante, pero también lo son la profundidad, la distancia a las poblaciones y las características de las construcciones.
Una historia que no empezó en 1997
La actividad sísmica de Galicia tampoco nació con los registros modernos. Los documentos históricos y los estudios científicos recogen terremotos sentidos en distintos puntos del noroeste peninsular desde hace siglos.
El catálogo sismotectónico del IGN incluye episodios históricos en tierra y en el mar, algunos con magnitudes estimadas superiores a 5. Entre los casos destacados figuran terremotos ocurridos en el océano Atlántico en 1783 y 1899, así como un movimiento registrado en el mar Cantábrico en 1897. También se documentaron episodios importantes en Portugal y en diferentes localidades gallegas a comienzos del siglo XX.
Estos registros requieren una lectura cuidadosa. Antes de la existencia de redes instrumentales, los terremotos se reconstruían mediante testimonios, documentos, daños observados y descripciones de cómo se había percibido el movimiento. Por eso, las magnitudes atribuidas a algunos episodios antiguos son estimaciones y no mediciones realizadas con los instrumentos actuales.
La sismicidad histórica, aun con esas limitaciones, permite ampliar la perspectiva. Los terremotos no son acontecimientos exclusivos de la época contemporánea: forman parte de la evolución geológica de la región y han sido percibidos por generaciones anteriores.
La investigación científica compara esos documentos con los registros instrumentales y con la información geológica disponible. El objetivo es comprender mejor dónde se producen los movimientos, qué estructuras pueden estar implicadas y cómo ha evolucionado la actividad sísmica a lo largo del tiempo.
¿Por qué se notó tanto un terremoto de magnitud 4,2?
La magnitud mide el tamaño del terremoto y la energía liberada en su origen. No debe confundirse con la intensidad, que describe cómo se percibe el movimiento en un lugar concreto y qué efectos produce sobre las personas, los objetos y las construcciones.
Un terremoto de magnitud 4,2 puede sentirse claramente, sobre todo si se produce a poca profundidad y relativamente cerca de zonas habitadas. En este caso, la profundidad comunicada fue de unos diez kilómetros, por lo que el movimiento pudo percibirse en áreas próximas y transmitirse a localidades más alejadas.
La experiencia de cada persona puede ser muy diferente. En un edificio, las vibraciones pueden sentirse con más claridad en una planta que en otra; también influyen el tipo de construcción, el suelo y la actividad que se esté realizando. Una persona que está tumbada o sentada en silencio puede detectar un movimiento que otra, caminando o hablando, apenas percibe.
La distribución de los testimonios no significa que el terremoto tuviese la misma intensidad en toda Galicia. La percepción fue desigual y la información del IGN permite estudiar cómo se distribuyó el movimiento en el territorio.
Tampoco debe interpretarse el número de llamadas a emergencias como una medida directa de la peligrosidad del episodio. Muchas personas llaman porque sienten algo inesperado y necesitan confirmar si se trata de un terremoto, incluso cuando el movimiento no ha provocado daños.
¿Puede repetirse un terremoto en Lugo?
La respuesta es sí: Galicia puede registrar nuevos terremotos porque la actividad sísmica forma parte de su contexto geológico. Pero esa afirmación no significa que vaya a producirse otro movimiento importante en los próximos días ni que el episodio del jueves anuncie necesariamente uno de mayor magnitud.
Después de algunos terremotos se producen réplicas, es decir, movimientos posteriores asociados al reajuste de la zona donde se ha producido la ruptura. En otros casos se registran pequeños terremotos independientes o secuencias cuya evolución no puede conocerse con precisión de antemano. Para determinar qué está ocurriendo tras un episodio concreto, los especialistas analizan los datos de la red sísmica y la distribución temporal y espacial de los movimientos.
En el caso del terremoto de El Bierzo, la información publicada recoge otros temblores de menor magnitud en el entorno del epicentro. Esos registros permiten seguir la evolución de la secuencia, pero no justifican por sí solos anunciar un terremoto mayor.
La peligrosidad sísmica de una región tampoco equivale al riesgo real para cada edificio o localidad. El riesgo depende, además, de la exposición de la población, la calidad de las construcciones y su capacidad para resistir movimientos del terreno.
Por eso, los especialistas insisten en la importancia de conocer los datos oficiales y evitar las predicciones sin fundamento. Ni una sucesión de pequeños terremotos demuestra necesariamente que se aproxima uno grande, ni un periodo prolongado sin temblores significa que una zona haya dejado de tener actividad sísmica.
Qué hacer si vuelve a temblar la tierra
Aunque la mayoría de los terremotos que se sienten en Galicia no provocan daños importantes, conviene conocer unas pautas básicas de autoprotección.
Si el movimiento comienza mientras una persona está en el interior de un edificio, la recomendación general es agacharse, cubrirse y agarrarse, protegiendo la cabeza y el cuello. Es preferible alejarse de ventanas, cristales, estanterías y objetos que puedan caer. No conviene utilizar ascensores ni salir corriendo por las escaleras mientras dura la sacudida.
Si se está en el exterior, lo aconsejable es alejarse de fachadas, muros, cornisas, árboles y cables eléctricos, buscando una zona despejada. Después del temblor, hay que comprobar si existen daños visibles y seguir las instrucciones de los servicios de emergencia.
Si se aprecian grietas nuevas importantes, desprendimientos, olor a gas o cualquier situación que pueda suponer un peligro, se debe abandonar la zona afectada cuando sea seguro hacerlo y avisar a los servicios correspondientes. El teléfono de emergencias 112 debe reservarse para situaciones que requieran asistencia o impliquen un riesgo real.
El IGN ofrece información sobre los terremotos registrados, mapas de intensidad y recomendaciones de actuación. También dispone de un cuestionario macrosísmico para que las personas que hayan sentido un movimiento comuniquen su experiencia. Estos testimonios ayudan a completar la información instrumental y a conocer cómo se percibió el terremoto en diferentes localidades.
Una provincia acostumbrada a la lluvia que también tiene memoria sísmica
El temblor del 15 de octubre ha durado apenas unos segundos, pero vuelve a situar a Lugo en una conversación que mezcla geología, memoria colectiva y prevención. El epicentro estuvo en León, a pocos kilómetros de Galicia, y no hay que confundir este episodio con los terremotos originados en el entorno de Triacastela y Becerreá.
La diferencia no resta interés al acontecimiento. Al contrario: recuerda que las ondas sísmicas no respetan las fronteras administrativas y que la actividad geológica del noroeste peninsular debe estudiarse como un conjunto.
Lugo cuenta con una historia sísmica documentada, con episodios destacados como el de 1997 y con estructuras geológicas que explican la presencia de terremotos de baja y moderada magnitud. Conocer esa realidad no debe generar alarma, sino favorecer una información más rigurosa y una mejor preparación.
El temblor de este jueves no permite anticipar cuándo se producirá el siguiente ni qué intensidad tendrá. Sí ofrece una oportunidad para recordar que la tierra está en constante evolución, que los registros científicos son esenciales para comprenderla y que la mejor respuesta ante un fenómeno natural empieza por distinguir los hechos confirmados de las especulaciones.
1. Instituto Geográfico Nacional (IGN)
Fuente oficial para la magnitud, la hora, la profundidad, el epicentro y el mapa del movimiento.
Consultar el terremoto del 15 de octubre
2. Mapa sismotectónico del noroeste peninsular
Explica las fallas, el contexto geológico y los principales episodios históricos de Galicia y su entorno.
Consultar el mapa y la descripción del IGN
3. Estudios Geológicos (CSIC)
Investigación sobre el catálogo sísmico histórico del noroeste de la península y las implicaciones para estudiar su actividad.
Consultar el estudio científico

